
Alzaste tus manos hacia el crepúsculo para no sentirte vulgarmente inútil.
Tus ojos boscosos hicieron indiscriptible al hielo que se nos caía a pedazos y se escabullía venturoso por los parajes descubiertos del sendero. Se estrellaba contra las piedras del arroyo, taladraba el agua.
Y tú, parado en una baldosa, te mueres por acribillar al hielo...
me provocas una sensaciones hermosas... cada vez que te leo...
ResponderEliminarme alegra mucho conocerte...
saludos desde el valle de Oaxaca.
Besos