
Más allá del rouge marrón que reviste tu boca puedo verla fruncida, como esperando dejar salir algo de Shakespeare o Voltaire. Más allá del rímel y el delineador tus ojos develan a una calculista desmesurada y violenta que con sus miradas es capaz de revestir esta habitación y cincuenta más si es necesario.
Como el nervio que va desde mi boca a tus deseos, me ramifico. Y así en perfecta vacuidad y con unas copas demás las puertas del sueño se cierran, encerrando todo lo que hay dentro, sin esperanzas de salir, sin esperanzas de renacer, sumergidos para siempre en el estanque después de algo tan grande y decidor, para no volver a sentir jamás la grandeza del agua desbordando los mares, ni volver a adormecer las aguas violentas con tus suaves miradas. Tus miradas que ya no existirán para mi, ni para ella. Porque después de este viaje algo murió para siempre, algo se fue para no volver, pero no lo sabe. Tal vez nunca lo sepa pues está en tus manos la lucidez de su conciencia. No seas cruel como yo lo fui. Permítele terminar de amarte porque yo no lo haré.
Desaté la lluvia esta tarde. Y esperé ver tu silueta bajo la puerta aunque el cielo se desangrara a tu espera. A nadie le importa si la rosa se marchita en soledad, pues patéticos, se consuelan a si mismos con epítetos de belleza dedicados a la rosa. Sacados de ella para derramarlos sobre ella. Porquería.
Como el nervio que va desde mi boca a tus deseos, me ramifico. Y así en perfecta vacuidad y con unas copas demás las puertas del sueño se cierran, encerrando todo lo que hay dentro, sin esperanzas de salir, sin esperanzas de renacer, sumergidos para siempre en el estanque después de algo tan grande y decidor, para no volver a sentir jamás la grandeza del agua desbordando los mares, ni volver a adormecer las aguas violentas con tus suaves miradas. Tus miradas que ya no existirán para mi, ni para ella. Porque después de este viaje algo murió para siempre, algo se fue para no volver, pero no lo sabe. Tal vez nunca lo sepa pues está en tus manos la lucidez de su conciencia. No seas cruel como yo lo fui. Permítele terminar de amarte porque yo no lo haré.
Desaté la lluvia esta tarde. Y esperé ver tu silueta bajo la puerta aunque el cielo se desangrara a tu espera. A nadie le importa si la rosa se marchita en soledad, pues patéticos, se consuelan a si mismos con epítetos de belleza dedicados a la rosa. Sacados de ella para derramarlos sobre ella. Porquería.